Para cuando tu mazo se queda corto de ti.

Incluye 85 cartas: siete más que las 78 de un tarot estándar.
Esas siete cartas sobrantes son el gesto interesante: permiten completar los 78 arcanos sin renunciar a añadir cartas propias, preguntas recurrentes o símbolos que tu práctica echa de menos.
Una baraja en blanco no es un tarot al que le falte ilustración: es una decisión bastante más radical. Aquí el detalle que importa son las 85 cartas. No se han quedado en las 78 reglamentarias, y esas siete de más cambian por completo el asunto.
Puedes construir un tarot clásico —mayores, palos, cortes y toda la liturgia—, sí. Pero también reservar siete naipes para aquello que ningún sistema termina de recoger: una carta para el límite, otra para la familia, otra para el cuerpo, otra para ese asunto que vuelve cada tres meses con puntualidad de inspector de Hacienda. O crear cartas-puente entre arcanos, recordatorios de tiradas, preguntas que te obliguen a aterrizar la lectura.
Me parece especialmente interesante para quien ya conoce la estructura del tarot y ha descubierto que memorizar significados no equivale a tener voz propia. Dibujar, escribir, pegar recortes o trabajar con una iconografía deliberadamente mínima obliga a decidir qué significa cada símbolo antes de pedirle que responda. Y esa incomodidad, bien llevada, enseña más que otra baraja preciosa con una guía que nadie abre.
No sustituye al Rider ni pretende hacerlo. Es un cuaderno de campo disfrazado de mazo: imperfecto por definición, personal hasta el exceso y, precisamente por esas siete cartas fuera del canon, capaz de convertirse en una herramienta que no podría haber diseñado nadie más.
También buscado como: 85 blank tarot cards to write on