Para cuando el tarot te intimida más que te orienta.

El Siete de Copas está protagonizado por un narval azul ante sus siete visiones.
No es un capricho monísimo: conserva el dilema clásico del Siete de Copas —elegir entre posibilidades, fantasías y distracciones—, pero lo vuelve legible de un vistazo y bastante menos solemne.
Hay barajas que se disfrazan de amables y, en cuanto preguntas algo incómodo, te plantan una torre en llamas con cara de haber venido a cobrar una deuda. Affirmators! juega otra partida: no elimina el tarot, pero le baja el volumen a su teatralidad sin volverlo bobo.
Su mejor declaración de intenciones está en ese narval azul del Siete de Copas, obligado a escoger entre siete apariciones. La carta sigue hablando de deseos, espejismos, opciones demasiado bonitas para ser verdad y parálisis por exceso de menú; sólo que, en vez de exigirnos una licenciatura en simbolismo esotérico, nos lo cuenta con un animal improbable mirando aquello que le tienta. Y funciona. Porque un narval no puede fingir que está haciendo una tesis sobre su confusión: está confundido, punto.
Eso hace que esta baraja merezca sitio cuando una persona necesita volver a mirar las cartas sin ponerse inmediatamente en modo examen. No pretende sustituir la profundidad del tarot tradicional, sino ofrecer una puerta de entrada visual y afectiva a sus arquetipos. Hay humor, sí, pero no la risita fácil de taza motivacional. Hay una decisión estética muy concreta: usar criaturas y escenas de fábula para que las cartas difíciles se puedan pensar antes de dramatizarlas.
La compraría para quien se bloquea ante imágenes demasiado graves, o para quien ya conoce el sistema y quiere un mazo que le devuelva la claridad de la primera lectura. El narval del Siete de Copas lo resume estupendamente: a veces no hace falta otra profecía; hace falta reconocer que tienes demasiadas copas delante.
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