Para cuando el Rider-Waite ya te sale en piloto automático.

El Loco ya cuelga del precipicio y sigue oliendo su rosa.
En vez de detenerlo justo antes del paso fatal, como hace el Rider-Waite-Smith, After Tarot muestra al Loco después: ha avanzado demasiado, se agarra al borde del barranco y, aun así, conserva la rosa junto a la nariz. No es un rediseño decorativo del arcano, sino una continuación muy concreta de una de las escenas más conocidas del tarot.
Hay barajas que cambian el Rider-Waite con un filtro de acuarela, un gato o una luna enorme y esperan que una aplauda la ocurrencia. After Tarot hace algo bastante más difícil: no sustituye la escena, la deja avanzar unos segundos.
El detalle decisivo está en El Loco. En el RWS conocemos el instante previo al desastre —o a la aventura, según el día que tengas—; aquí ya está colgado del precipicio, agarrado al borde y todavía pendiente de su rosa. Esa imagen cambia el tipo de pregunta que hace la baraja. Ya no se limita a señalar el salto, la inocencia o el riesgo: obliga a mirar qué pasa cuando aquello que parecía una posibilidad se ha convertido en consecuencia.
Y ese es su verdadero asunto. Pietro Alligo y Giulia F. Massaglia no han montado una secuela aparatosa: los 78 arcanos continúan las composiciones conocidas de la tradición Rider-Waite-Smith. Para quien ya lee ese lenguaje de memoria, el efecto es estupendo porque te impide recitar significados de carrerilla. El Dos de Copas deja de ser una estampa congelada; La Fuerza, El Ermitaño o la Luna también exigen preguntarse qué ocurrió un momento después.
Yo se la recetaría a quien quiere recuperar conversación con el Rider-Waite sin abandonarlo. La edición mini, de 50 × 81 mm, tiene además toda la lógica para llevarla encima. No la veo como primera y única baraja: conviene conocer el plano original antes de disfrutar de esta secuencia. Pero como antídoto contra el automatismo, las cosas como son, tiene bastante más oficio que muchas reinvenciones del clásico.
También buscado como: Tarot After mini