Para cuando tu altar pide orden visual sin ponerse solemne.

El árbol está construido con 300 chips de siete piedras concretas, desde jaspe rojo hasta cuarzo transparente.
No es simplemente un bonsái de piedritas multicolor: el recorrido material va del jaspe rojo del chakra raíz al cuarzo transparente de la corona. Esa secuencia convierte sus ramas en una especie de escala vertical de siete centros, y explica por qué funciona mejor como punto de enfoque que como decoración zen genérica.
Hay objetos de altar que están ahí para rellenar una esquina y otros que, sin necesidad de montar una ópera esotérica, ordenan la mirada. Este árbol pertenece al segundo grupo. Su gracia no está sólo en reunir los siete colores de chakra —eso lo hace hasta la pulsera más despistada—, sino en que sus 300 chips siguen una progresión mineral concreta: jaspe rojo, cornalina, aventurina amarilla, aventurina verde, lapislázuli, amatista y cuarzo transparente.
Eso le da una lógica visual bastante más interesante de lo que parece. De abajo arriba, la vista reconoce una escala: cuerpo, impulso, voluntad, afecto, voz, intuición y apertura. No hace falta atribuirle poderes de central eléctrica cósmica, gracias a los dioses; basta entender que ofrece una gramática cromática inmediata para una mesa de lectura, un rincón de meditación o el fondo de una grabación.
Yo lo elegiría precisamente para esos momentos en que el altar se ha llenado de mazos, velas, piedras sueltas y buenas intenciones, es decir, del caos habitual. El árbol reúne ese vocabulario en una sola pieza vertical. Comprar otra baraja tiene que merecer la pena; comprar decoración también. Y aquí la justificación es clara: no añade otro trasto espiritual, sino un pequeño mapa de siete niveles que ayuda a componer el espacio.
También buscado como: Seven Chakras Tree of Life