Para cuando tu mazo pide recortes, no otra tirada.

El volumen 2 se presenta específicamente en formato Artist Trading Cards (ATC).
No es un libro de ilustraciones pensado para admirar de lejos: la referencia a las ATC lo sitúa en la escala íntima, intercambiable y coleccionable de la miniobra. Aquí el lenguaje del tarot sirve también para fabricar piezas, capas y pequeñas cartas propias.
Éste no es un tarot para preguntar si volverá ni un oráculo para que una nutria te confirme que mereces descansar. Y menos mal. Su gracia está precisamente en otra parte: toma el tamaño y la idea de la carta —esa pequeña superficie cargada de imagen, composición y asociación— y la lleva al territorio de las Artist Trading Cards.
Eso cambia bastante la película. Una ATC no exige la solemnidad de una lámina ni la obediencia de una baraja cerrada; invita a recortar, superponer, intervenir y hacer series. Que el volumen se anuncie expresamente en ese formato explica por qué puede resultar más fértil que otro libro de ephemera animalista sin más: no propone animales bonitos para pegar donde sea, sino materia prima para construir miniaturas visuales con lógica de carta.
Yo le veo sentido a quien hace junk journals, collages o cartas alteradas y está cansado de que todo termine pareciendo una página de papelería mona con un ciervo en medio. La escala ATC obliga a decidir: qué animal merece protagonismo, qué fragmento basta, qué fondo no estorba. Es una disciplina pequeña, que suele ser donde empieza el criterio.
¿Merece otra baraja —o, en este caso, otro artefacto cartomántico— un hueco? Sí, si lo que buscas no es ampliar tu estantería, sino darle imágenes nuevas a tus manos. Porque aquí la carta no viene terminada: viene pidiendo que la continúes.
También buscado como: Libro de recortables y collage de tarot ATC Vol. 2