Para cuando tu altar necesita luna sin oscurecer la ventana.

No es una vidriera: el efecto gótico de luna y bruja está realizado en acrílico.
Ese pequeño cambio de material lo saca de la decoración solemne e intocable: está pensado para colgarse en una ventana y trabajar con la luz, no para fingir que heredaste un vitrallón de una capilla victoriana.
Hay decoración esotérica que exige penumbra, terciopelo, una balda libre y cierta disposición a vivir dentro de un escaparate de Halloween. Y luego está esta pieza: una luna con bruja que propone algo bastante más inteligente, usar la propia ventana como escenario.
El detalle importante es que no es vidriera, aunque juegue a serlo: es acrílico. Puede parecer una precisión de ferretería, pero cambia por completo su gracia. No busca el peso ni la solemnidad del cristal emplomado; busca que la claridad lo atraviese y que el rincón se transforme según la hora. De día, la silueta de la bruja y la luna puede funcionar como una pequeña interrupción narrativa en la ventana. De noche, con la estancia iluminada, se vuelve una declaración gótica bastante más nítida.
Para un altar, una mesa de lectura junto a la luz o ese fondo de vídeo que necesita personalidad sin parecer el trastero de una tienda ocultista, tiene sentido. Yo no la leería como «vitral vintage», porque ahí el nombre se viene un poco arriba —qué sorpresa—, sino como un atrapasol oscuro: una pieza ligera que hace que la luz cotidiana participe en la escenografía. Y eso, en decoración tarotista, no es tan frecuente como debería.
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