Para cuando el Rider-Waite te parece demasiado solemne

Las 78 cartas trasladan la estructura completa del tarot a una temática de gatos.
No es un mazo con cuatro mininos decorativos en las cartas bonitas: la promesa es que toda la arquitectura del tarot —arcanos mayores y menores— pasa por el filtro felino. Eso obliga a leer los gestos, las posturas y la pequeña comedia doméstica de los gatos como lenguaje simbólico.
Hay barajas de gatos que se limitan a poner un felino encima de una Sacerdotisa y dar el asunto por resuelto. Esta, en cambio, plantea algo más interesante: convertir las 78 cartas en un territorio íntegramente gatuno. Y ahí está su razón de ser.
Cuando todo el sistema pasa por esa lente, el gato deja de ser adorno y se vuelve intérprete. Un animal que se estira donde no debe, que vigila desde una esquina, que reclama atención a una hora absurda o que decide que una caja vale más que el palacio entero tiene una capacidad muy particular para aterrizar el tarot. La ambición, el capricho, la independencia, el descanso, el acecho y esa dignidad ligeramente ofensiva del mundo felino no son precisamente ajenos a nuestra vida emocional.
Para quien empieza, esta traslación puede servir de ancla visual: una escena con gatos suele entrar antes por intuición que una alegoría victoriana cargada de cortinajes y símbolos que parecen exigir oposiciones. Para quien ya lee, puede ser una buena cura contra la lectura automática. Si el Cuatro de Copas, el Ermitaño o el Diez de Bastos aparecen reformulados por una criatura que no reconoce la autoridad humana, toca volver a mirar.
No viene a sustituir a una baraja clásica; viene a quitarle rigidez. Y, francamente, a veces el tarot necesita bajar del pedestal y subirse al alféizar.
También buscado como: 78-Card Cat Tarot Deck