Cuando el “gracias” te sale antes que la verdad.

El libro dedica seis páginas seguidas a las palabras «thank you».
No es un adorno de gratitud con tipografía bonita: esa repetición interrumpe y estira la lectura hasta volver el agradecimiento incómodo, físico y casi obsesivo.
Este no es otro libro bonito de Kim Krans para colocar junto a los mazos y mirar de reojo cuando una necesita inspiración. Y menos mal. Blossoms and Bones se gana el hueco precisamente porque no convierte su imaginario —flores, huesos, tinta, vacío— en una coartada decorativa. El detalle de las seis páginas de «thank you» lo delata todo: aquí la repetición no tranquiliza, aprieta. La gratitud deja de ser esa consigna de taza bienintencionada y pasa a parecer un mecanismo mental, una plegaria, una resistencia o las tres cosas a la vez.
Me interesa mucho ese gesto porque explica la diferencia entre una artista que sabe hacer imágenes reconocibles y una autora que se atreve a dejar que la página se vuelva incómoda. Quien llegue esperando el orden simbólico, la composición impecable y el misterio controlado asociado a The Wild Unknown puede encontrarse con algo bastante más áspero: un cuaderno-memoria donde el dibujo no ilustra una curación ya resuelta, sino que intenta sostenerla mientras ocurre.
Por eso merece la pena como pieza de colección: no amplía una baraja, sino el reverso humano de una sensibilidad visual que muchas lectoras ya reconocen. Es un libro para cuando la estética espiritual empieza a sonar demasiado limpia y una necesita recordar que dar las gracias, a veces, no es paz: es trabajo.
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