Para quien confunde fuerza con apretar más.

El motivo «Cat Tarot VIII: Strength» procede de un patrón de punto de cruz de 71 × 121 puntadas diseñado por Dirty Annie’s.
No nació como lámina ni como carta: su composición estaba pensada para bordarse en lino con hilos DMC. Eso explica su dibujo de contorno, sus masas de color contenidas y ese aire de icono textil que, en metal, se vuelve deliciosamente raro.
Aquí la gracia no está simplemente en que la Fuerza tenga gato —a estas alturas, el tarot gatuno es una pequeña república independiente—, sino en que la imagen arrastra una vida anterior muy distinta: fue concebida como patrón de punto de cruz. Y eso se nota para bien.
La escena de la VIII conserva el esqueleto waiteano: la figura serena, el animal y la idea de dominar lo indómito sin convertirlo en una pelea de patio. Pero al pasar por el lenguaje del bordado, todo se vuelve más gráfico, más doméstico y más obstinado. No pretende darte una ilustración solemne de museo; te planta una Fuerza hecha para puntada, hilo y paciencia. Qué apropiado, por cierto, para una carta que habla de controlar el impulso sin estrangularlo.
Como objeto de pared para un rincón tarotero, un estudio o un altar con sentido del humor, tiene una virtud poco frecuente: cuenta una historia incluso a quien no sabe tarot. Primero ven un gato y un diseño retro; después descubren que no era una ocurrencia decorativa cualquiera, sino una carta convertida antes en labor textil y ahora en chapa. Esa cadena de traducciones le da más carácter que a mucha decoración mística producida en serie con tres lunas, dos manos y cero ideas.
No sustituye una baraja, naturalmente. Hace otra cosa: fija en la pared una versión de la Fuerza que habla de delicadeza, oficio y paciencia. Y sí: por una vez, otro gato en el universo tarot tiene coartada estética.
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