Para cuando lo aparentemente tierno te está dando mala espina.

En el Ceccoli Oracle, los conejos aparecen deliberadamente demasiado grandes.
Ese desajuste de escala convierte una imagen de cuento en algo inquietante: el conejo no acompaña a la niña, invade su mundo. Es la clave visual de una baraja que usa la dulzura como coartada y el extrañamiento como lenguaje.
Hay barajas que se esfuerzan tanto por resultar mágicas que acaban pareciendo el escaparate de una pastelería victoriana. Esta no. El Ceccoli Oracle sabe que la infancia, los lazos y la imaginación tienen una zona turbia, y la expresa con una precisión bastante incómoda.
Su hallazgo visual más revelador son esos conejos demasiado grandes. No es una monería surrealista puesta para decorar: altera la jerarquía de la escena. De pronto, lo que debía ser mascota, símbolo de inocencia o criatura de cuento ocupa demasiado espacio. Y ahí está el nervio de la baraja: aquello que parecía inofensivo empieza a mandar.
Eso cambia mucho la lectura. No la veo como un oráculo de consignas luminosas ni de respuestas con lacito. Funciona mejor cuando una pregunta tiene ambivalencia: una relación que protege pero asfixia, un deseo que da vergüenza admitir, una espera que ya se ha vuelto amenaza. Ceccoli no ilustra “mensajes bonitos”; ilustra la sospecha de que el subconsciente lleva rato intentando decirnos algo y ha elegido un conejo gigantesco para que, por fin, lo miremos.
Con solo 32 cartas, su interés no está en ofrecer un catálogo infinito de arquetipos, sino en sostener una atmósfera muy propia. Y eso, en una colección donde abundan los oráculos intercambiables, sí justifica hacerle sitio.
También buscado como: Oráculo Ceccoli: libro y 32 cartas