Cuando necesitas protegerte sin ir vestida de pentáculo tamaño rotonda.

El nudo de bruja se compone de cuatro lazos entrelazados, asociados a tierra, agua, fuego y aire.
Ahí está la gracia de este colgante: sus siete chakras no flotan solos en la habitual sopa espiritual, sino que quedan enmarcados por una geometría de cuatro fuerzas elementales. Más que sumar símbolos a granel, propone una especie de perímetro: centro energético, borde protector.
No voy a fingir que todo colgante con chakras merece entrar en casa: el mercado está razonablemente inundado de cuentas de colores, promesas de «energía» y símbolos puestos como quien decora una tarta. Este, sin embargo, tiene una idea visual bastante más inteligente. El nudo de bruja no es aquí un adorno gótico de compromiso: sus cuatro lazos remiten a los cuatro elementos y hacen de marco para la secuencia de siete chakras.
Esa tensión entre cuatro y siete es precisamente lo que le da interés. Los chakras suelen presentarse como una escalera ascendente, íntima y corporal; el nudo, en cambio, dibuja una forma cerrada, continua, sin principio ni final evidente. Uno ordena el eje; el otro contiene. No hace falta comprar toda la metafísica que se le atribuye para reconocer que, como amuleto, está mucho mejor pensado que el típico arcoíris con cadena.
Yo lo leería como una joya de diario para quien quiere llevar lenguaje esotérico sin convertir el cuello en un escaparate de feria medieval. Tiene esa ambigüedad agradecida: a primera vista es un motivo entrelazado con piedras de color; para quien sabe mirar, hay tierra, agua, fuego y aire rodeando un mapa energético de siete centros. Y sí: esa pequeña arquitectura simbólica hace que otra pieza de bisutería espiritual, por una vez, tenga una razón concreta para existir.
También buscado como: Witch Knot and Tetragrammaton 7 Chakras Pendant