Para registrar tiradas sin convertir el tarot en papelería lúgubre.

El motivo de fases lunares aparece en naranja, no en la consabida combinación de negro y violeta.
Ese naranja altera por completo el código visual del cuaderno: sigue hablando de luna y tarot, pero se aleja del atrezzo gótico de catálogo. Parece un detalle menor; en un diario que se abre a diario, decide mucho.
Un cuaderno para tarot no necesita disfrazarse de grimorio victoriano cada vez que una quiere apuntar una Cruz Celta, una carta del día o esa tirada que salió sospechosamente certera. Aquí la gracia está precisamente en el detalle naranja de las fases lunares. Mantiene el imaginario lunar —que, seamos sinceras, ya tiene una presencia bastante consolidada en el tarot—, pero evita el binomio negro-violeta con el que medio sector parece haber firmado un pacto.
Eso le da una utilidad muy concreta: sirve para quien quiere tomarse en serio el registro de sus lecturas sin que cada página parezca pedir incienso, terciopelo y una banda sonora de cuervos. El naranja introduce energía, visibilidad y un punto de calidez; hace que el cuaderno se sienta menos solemne y más habitable. Y un diario de tarot, si ha de servir para algo, debe invitar a volver a él cuando la tirada no ha sido épica, cuando sólo queremos dejar constancia de una pregunta mal formulada o de una repetición que empieza a cantar.
No es una nueva baraja, claro, pero sí una pieza que puede mejorar la relación con las que ya tienes: al obligarte a mirar patrones, matices y preguntas recurrentes. Comprar otro cuaderno merece la pena cuando no sólo guarda cartas, sino que te quita la pereza de escribirlas.
También buscado como: Tarot card notebook with moon phases