Para cuando tus tiradas se evaporan antes de enseñarte el patrón.

El diario se dirige a quien lee tarot como «practicante de cartomancia», no simplemente como tarotista.
Ese término desplaza el foco de la inspiración mística a la práctica de leer cartas: registrar, comparar y afinar criterio. Una tirada de tres cartas deja de ser el consabido pasado-presente-futuro y pasa a ser material de estudio.
Hay diarios de tarot que parecen diseñados para que una se sienta muy espiritual durante cinco minutos y luego no encuentre dónde apuntó aquella tirada que, casualmente, explicaba todo. Este me interesa por una palabra bastante menos decorativa de lo habitual: «cartomancia».
No es un matiz inocente. Llamar practicante de cartomancia a quien lo usa sitúa el tarot en el terreno de la lectura sostenida, de observar repeticiones, contrastar preguntas y admitir que una carta no significa lo mismo cada martes, por mucho que nos empeñemos en domesticarla. Y la tirada de tres cartas es ideal para eso: breve, asumible y suficientemente abierta para salir del automático pasado-presente-futuro.
Yo lo veo especialmente útil para quien consulta mucho, recuerda a medias y empieza a sospechar que el Siete de Espadas aparece con una insistencia que merece algo más que un suspiro dramático. Un diario así convierte la acumulación de tiradas en archivo; no promete revelaciones de opereta, sino algo bastante más valioso: contexto.
Por eso, en este caso, otra libreta de tarot sí tiene sentido. No viene a sustituir una baraja ni a adornar el altar. Viene a hacer que las cartas dejen rastro y que la lectora aprenda de sus propias lecturas. Milagro menor, pero mucho más fiable.
También buscado como: Personal Tarot Journal