Para cuando tus lecturas se te mezclan y ya no recuerdas qué viste.

Goodreads cataloga este Diario de Tarot en dos ediciones.
No aparece como un cuaderno aislado y efímero, sino como un título que ha tenido al menos dos ediciones en catálogo. Ese pequeño rastro editorial le da otra entidad: está pensado para conservar un método de lectura, no solo para llenar páginas bonitas.
Un diario de Tarot solo merece sitio en la estantería si resuelve una tragedia doméstica muy habitual: haber hecho una lectura estupenda hace tres meses y recordar únicamente que «salieron muchas espadas». Este apunta precisamente a convertir la intuición fugitiva en archivo consultable.
El detalle de sus dos ediciones catalogadas me parece más revelador de lo que parece. No garantiza que sea una obra de bibliófilo —calma, que hablamos de un cuaderno de trabajo—, pero sí sugiere que no nació como uno de esos interiores genéricos con una portada mística pegada deprisa y corriendo. La propuesta tiene vocación de formato: registrar, localizar y volver sobre las tiradas.
Y ahí está su gracia. Para quien empieza, un índice incorporado evita que el aprendizaje se convierta en una arqueología de libretas. Para quien ya lee, permite detectar repeticiones: esa corte que insiste, una pregunta que cambia de formulación pero no de fondo, o el arcano que aparece cuando una se empeña en no escuchar. El Tarot mejora bastante cuando deja de depender de la memoria selectiva, que es una señora caprichosa.
No sustituye al estudio de las cartas ni pretende hacerlo. Pero compra su sentido como herramienta de continuidad: una especie de segunda edición de tus propias lecturas, donde cada consulta puede volver a decir algo distinto cuando la relees con distancia.
También buscado como: Tarot Journal