Para dejar de sacar cartas y empezar a aprender de ellas.

El ISBN 9781711797205 aparece catalogado con 122 páginas, no con 120.
Ese pequeño desfase delata algo muy de cuaderno práctico: las dos páginas que no cuentan suelen ser las que sostienen el uso —portada, instrucciones o apertura—. Aquí importa menos la cifra redonda que la idea de un diario pensado para registrar, no para adornar una estantería.
Hay diarios de tarot que confunden «espiritual» con llenar una cubierta de lunas y dejar dentro un desierto pautado. Este, por lo que propone, va por una vía bastante más útil: convertir la práctica en archivo. Y eso, para quien empieza, es oro sin incienso añadido.
El detalle de sus 122 páginas catalogadas —aunque se anuncie habitualmente como cuaderno de 120— me parece revelador precisamente porque no intenta hacerse el objeto precioso y misterioso. Es un cuaderno con un pequeño margen de estructura: instrucciones y espacio para que las lecturas dejen de evaporarse en cuanto recoges las cartas. Dos páginas de diferencia no cambian una vida, claro; tampoco la cambia una tirada si jamás vuelves a mirar qué preguntaste, qué carta salió y qué acabó ocurriendo. Ahí está la gracia.
Yo lo veo especialmente sensato para la fase en que una confunde intuición con memoria selectiva, esa señora tan creativa. Anotar una carta diaria, una pregunta concreta o una lectura breve enseña patrones, obliga a afinar el lenguaje y, con el tiempo, permite descubrir que no todas las espadas anunciaban catástrofe nacional.
No es otra baraja, y precisamente por eso merece sitio: es la herramienta que hace que las que ya tienes empiecen a decir algo más preciso.
También buscado como: Tarot journal