Para dejar de convertir cada silencio en una tesis sobre WhatsApp.

El oráculo nació del encuentro artístico y amoroso entre una tatuadora y médium y la fundadora de Voglio Bene, dedicada a la fotografía, la decoración y el arte callejero.
No es un oráculo romántico ensamblado por departamentos: su imaginario procede de una relación creativa entre dos artistas con lenguajes muy distintos. Eso le da al amor una textura más corporal, visual y un punto menos almibarada de lo habitual.
Los oráculos de amor suelen caer en una de dos trampas: o parecen una caja de bombones con purpurina, o se ponen tan etéreos que una acaba preguntándose si la carta habla de la relación o de Mercurio retrógrado. Dime que me amas tiene un argumento bastante más interesante: nace de un encuentro artístico y amoroso entre Sandytattoo.2.0, tatuadora y médium, y Bénédicte Piccolillo, fundadora de Voglio Bene, vinculada a la fotografía, la decoración y el arte callejero.
Y eso, para mí, importa. No porque haya que convertir a las autoras en santas patronas del romance, sino porque explica que el mazo no parta de una idea abstracta del amor. Parte del cuerpo, de la imagen, de la marca que algo deja y de la necesidad muy humana de interpretar una señal cuando alguien nos importa demasiado. Sí, ese territorio donde un «vale» puede convertirse en material para una oposición.
Su valor está precisamente ahí: no promete domesticar el misterio afectivo con frases universales, sino ofrecer un lenguaje visual nacido de dos sensibilidades que se encontraron para hablar de él. Si ya tienes un oráculo amoroso correcto pero intercambiable, esta es una incorporación con motivo: aquí la historia de la baraja forma parte de lo que la baraja quiere decir.
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