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Tarot y Oráculos

El tarot de los gatos

Para cuando la Cruz Celta te parece un mueble de IKEA sin manual.

El tarot de los gatos
Autor / marca: Julia Smillie
Valoración: 5
Reseñas: 49

El manual rebautiza la Cruz Celta como «El gato encerrado», la herradura como «El gato encorvado» y el mandala como «El gato panza arriba».

No se limita a poner gatos sobre un Rider-Waite-Smith: traslada incluso la coreografía de las tiradas al idioma felino. Así, las estructuras clásicas dejan de sentirse como deberes de tarot y ganan una memoria visual bastante más inmediata.

Hay barajas de gatos que se conforman con cambiar al Ermitaño por un minino con farol y dar el asunto por resuelto. Esta parece haber entendido algo bastante más difícil: si vas a felinizar un tarot, felinízalo también en la manera de usarlo.

Su pequeño golpe de gracia está en el manual, que convierte tiradas conocidas en escenas con nombre propio: la Cruz Celta pasa a ser «El gato encerrado»; la herradura, «El gato encorvado»; el mandala, «El gato panza arriba». Puede parecer una tontería —los gatos han construido imperios sobre parecer una tontería—, pero es justo el detalle que evita que el mazo sea otro Rider-Waite-Smith vestido de bigotes.

Para quien empieza, esos nombres hacen que las disposiciones se recuerden sin tener que estudiar un plano de ingeniería ritual. Para quien ya lee tarot, introducen una capa lúdica sin desfigurar la estructura: se reconoce la tirada, pero se entra en ella por otra puerta. Y eso tiene mérito. No promete una revolución esotérica ni hace falta; ofrece una traducción coherente del lenguaje tarotístico a un universo doméstico, observador, absurdo y ligeramente tiránico, es decir, genuinamente gatuno.

Yo le veo sentido precisamente por ahí: compra otra baraja cuando te propone otra forma de relacionarte con las cartas, no cuando simplemente ha puesto un animal bonito encima. Aquí el gato no es decoración. También organiza la lectura.

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