Cuando el Rider-Waite te sabe ya a fotocopia

Las 78 cartas se crearon en acuarela, no mediante ilustración digital.
Natasa Ilincic trabajó cada imagen en acuarela, y eso se nota en que el jardín no funciona como decorado botánico: la luz se posa, se deshace y cambia de temperatura carta a carta.
Hay barajas de bruja con tanta hiedra, tanto cuarzo y tanta luna convenientemente colocada que una acaba preguntándose si no han abierto un vivero temático. Esta tiene un motivo bastante más serio para existir: sus 78 cartas nacen de la acuarela, no del habitual acabado digital que hoy lo deja todo muy mono, muy limpio y con frecuencia bastante plano.
Ese dato cambia la lectura. Aquí el jardín no es una etiqueta estética pegada al Rider-Waite-Smith: es un clima visual. La acuarela permite que los bordes respiren, que las plantas no parezcan atrezzo de catálogo y que una escena conserve algo movedizo, casi atmosférico. Para quien está aprendiendo, esa suavidad puede ser una gran aliada: la estructura tradicional permanece reconocible, pero la imagen invita a mirar antes de correr al librito. Y eso, milagro menor pero útil, enseña tarot.
Yo la veo especialmente indicada para quien se ha cansado de estudiar arcanos en mazos correctos pero sin pulso. No viene a reinventar el sistema ni falta que le hace; viene a devolverle materia, estación y sensibilidad. El Diablo, la Muerte o el Tres de Espadas no necesitan parecer una portada de terror para tener verdad. A veces basta con que una imagen esté pintada de forma que admita sombra, humedad y contradicción.
Comprar otra baraja merece la pena cuando modifica el modo en que ves las cartas conocidas. Esta lo hace con pigmento y agua, que no es poca cosa.
También buscado como: The Witch's Garden Tarot