Para cuando una tirada pide saber en qué terreno se está jugando.

Añade cuatro cartas Palace —de Oros, Copas, Espadas y Bastos—, una por cada palo.
No son simples comodines para hinchar el mazo: cada Palace funciona como un recinto o santuario del palo correspondiente. La lectura deja de preguntar solo qué energía aparece y puede situarla en el entorno concreto donde esa energía manda.
Hay barajas que añaden cartas extra como quien pone perejil: para anunciar novedad y luego nadie sabe qué hacer con ello. Aquí el gesto tiene bastante más sentido. El Encore introduce cuatro Palace, una por palo, y convierte una lectura habitual en otra cosa: no solo habla de un conflicto de Espadas, una emoción de Copas, una cuestión material de Oros o un impulso de Bastos; puede señalar el lugar —mental, afectivo, práctico o creativo— en el que esa fuerza ha montado su corte.
Me parece una idea especialmente fértil para preguntas embarradas, de esas que mezclan trabajo, pareja, dinero, deseo y una conversación pendiente. Si sale una carta de corte, solemos preguntar quién encarna la energía. Con un Palace, la pregunta se desplaza: ¿cuál es el clima que la sostiene?, ¿en qué territorio está ocurriendo realmente el asunto? No resuelve la lectura por arte de birlibirloque —qué manía tiene el mercado con prometer iluminaciones instantáneas—, pero sí le da una capa espacial muy aprovechable.
Que Marchetti reúna aquí imágenes revisadas de su propio imaginario importa menos que esa pequeña ampliación estructural. El mazo conserva un esqueleto reconocible, pero ofrece cuatro umbrales nuevos para lectoras que ya no quieren otra versión decorativa de lo mismo. Por eso esta compra tiene defensa: no añade una estética a la estantería; añade una pregunta útil a la mesa.
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