Para cuando tu altar necesita alas, no otro cachivache.

La figura funde el cuerpo femenino con unas alas de mariposa doradas.
No plantea una mujer acompañada por una mariposa, sino una metamorfosis en plena decoración: el símbolo ocupa la propia silueta. Por eso funciona mejor como presencia de altar que como figurita de relleno.
Hay decoraciones que se limitan a hacer bulto y decoraciones que, sin decir una palabra, montan una escena. Esta escultura juega en el segundo grupo porque no usa la mariposa como el consabido detalle bonito de primavera: la integra en el cuerpo de la mujer, como si la figura estuviera a medio camino entre aparecer y transformarse.
Eso le da bastante más interés del que promete una simple pieza dorada de resina. En una mesa de tarot, donde abundan lunas, manos, cristales y la inevitable sobredosis de terciopelo, introduce una idea muy clara sin ponerse a berrear esoterismo: cambio de piel, salida del capullo, ligereza después de una etapa espesa. Sí, la metáfora no es nueva; tampoco lo son los arcanos mayores, y mira qué bien siguen funcionando cuando están bien planteados.
Yo la reservaría para un rincón que necesite verticalidad y una nota de oro sin parecer el escaparate de una tienda de bodas. Cerca de un espejo, una vela sobria o una carta de La Muerte bien escogida puede contar una historia visual entera. Merece la pena precisamente por ese gesto concreto: no decora una mariposa, escenifica una metamorfosis.
También buscado como: Butterfly Woman Sculpture