Para cuando tu altar se ha puesto demasiado solemne.

El título del producto llama a la misma figura «Mujer» y «Niñas Arts».
Esa doble etiqueta convierte una figurita de postura yóguica en un pequeño objeto de extrañamiento: no sabes si representa una meditadora adulta, una niña o, sencillamente, una traducción que se ha iluminado por su cuenta.
Esta no es la clase de decoración que uno incorpora al altar para fingir que vive dentro de un catálogo de bienestar color beige. Su gracia está precisamente en esa pequeña disonancia: el producto se presenta como «Mujer» y también como «Niñas Arts», como si su identidad hubiera decidido meditar antes de aclararse. Y, francamente, hay altares a los que les hace falta una dosis de absurdo controlado.
Yo la veo funcionando mejor como personaje secundario de una escena: al lado de una vela baja, un cuenco, una piedra especialmente querida o una baraja de imaginería infantil, onírica o un poco naïf. No necesita ser el centro; necesita que alguien repare en ella y pregunte qué demonios es. Ahí empieza la conversación.
Merece la pena sumar otra pieza cuando no repite la estética mística de siempre, sino que introduce una nota distinta. Esta figura no promete profundidad ancestral ni pretende tenerla. Ofrece una miniatura de quietud con una etiqueta deliciosamente desconcertante: mujer, niña, arte… quizá las tres cosas a la vez. Para una mesa tarotista que ya tiene demasiados objetos empeñados en parecer importantes, ése es un mérito bastante serio.
También buscado como: Woman Yoga Pose Figurine