Cuando el drama tiene factura, jornada y vecinos.

Añade tres cartas al Kipper tradicional: Pobreza, Trabajo duro y Comunidad.
No son tres cromos de propina: Marchetti las incorporó para equilibrar un sistema de 36 cartas que retrataba mucho mejor a la gente acomodada que a quienes sostenían el mundo con escasez, oficio y red vecinal.
El Kipper clásico tiene una cualidad magnífica: baja pronto de las nubes. Habla de personas, casa, trabajo, dinero, visitas, reputación y pequeños enredos con una franqueza que al tarot, a veces, le parece de mal gusto. Pero también arrastra una mirada social muy concreta, bastante burguesa y bastante cómoda. Y aquí está la razón por la que este Fin de Siècle sí justifica ocupar otro hueco en la estantería.
Marchetti añade Pobreza, Trabajo duro y Comunidad. Tres cartas que no hacen el mazo “más completo” en el sentido publicitario de la palabra —qué expresión tan sospechosa—, sino más capaz de nombrar lo que de verdad condiciona una consulta. No es igual hablar de Trabajo que de Trabajo duro; no es lo mismo una carencia difusa que Pobreza; ni basta con una casa o una familia cuando lo decisivo es la Comunidad que sostiene, observa o interviene.
Eso cambia el tono del Kipper. La lectura deja de ser únicamente el culebrón victoriano de damas, caballeros, herencias y cartas comprometedoras, y adquiere suelo: clase, desgaste, apoyo mutuo, necesidad. Las tres incorporaciones se pueden retirar si se busca la ortodoxia de las 36, pero precisamente su presencia convierte a esta edición en una reinterpretación con tesis, no en un Kipper vestido de gala. Y ésa, para mí, es una razón bastante seria para tenerlo.
También buscado como: Kipper Fin de Siglo