Para cuando tu cuento de hadas necesita una escoba y un secreto familiar.

La baraja imagina que los hermanos Grimm descendían de una estirpe materna de parteras y brujas y hallaron un antiguo tarot mientras reunían saberes mágicos.
No adapta cuento por cuento: construye una ucronía esotérica en la que los Grimm no solo recopilan relatos, sino que persiguen un linaje de magia popular y tropiezan con el tarot. Ese marco convierte cada carta en un fragmento de archivo prohibido, no en una simple ilustración gótica de saldo.
Lo que separa a Grim Tales Tarot de la procesión interminable de barajas «dark fairy tale» es que no se limita a poner lobos, bosques y doncellas pálidas sobre un esqueleto Rider-Waite. Ha inventado una premisa bastante más sabrosa: los Grimm, aquí, no son únicamente los señores que recogían cuentos al calor de una estufa, sino herederos de parteras y brujas por vía materna, empeñados en rastrear conocimientos que la Europa religiosa prefería llamar sospechosos. Y, en esa pesquisa, aparece un tarot antiguo.
Eso cambia el tono por completo. Las cartas dejan de pedirte que identifiques «qué cuento es este» —juego simpático, pero agotador al cuarto lobo— y te invitan a leer como si estuvieras hojeando las pruebas de una tradición clandestina. El cuento de hadas no funciona como disfraz decorativo: funciona como lenguaje de transmisión, con sus puertas que no deberían abrirse, sus pactos domésticos y esa vieja costumbre de esconder lo esencial en una historia aparentemente inocente.
Yo la veo claramente como pieza de colección para quien ya tiene un tarot narrativo y quiere uno con tesis, no solo con atmósfera. Merece otra baraja precisamente porque propone una ficción de origen: el tarot no llega al bosque a posar para la portada; estaba allí, enterrado en la historia que los Grimm aún no sabían que estaban contando.
También buscado como: Tarot de Cuentos Siniestros