Para cuando tu lectura necesita una ironía con corsé.

La ilustradora recibió referencias de la adaptación de Orgullo y prejuicio con Greer Garson, de ahí que algunas cartas luzcan ropa históricamente impropia de la Regencia.
No es un gazapo que haya que barrer bajo la alfombra: introduce una especie de Austen vista a través del cine clásico, no de la reconstrucción histórica. La baraja no aspira a ser un museo de 1811; funciona como una novela leída, recordada y luego soñada con un vestuario ligeramente desobediente.
Hay barajas literarias que se limitan a poner bonitos vestidos alrededor de los arcanos y confiar en que el nombre de una autora haga el resto. Esta tiene una rareza mucho más interesante: su Jane Austen no llega directamente de la Regencia, sino filtrada por una película clásica. Diane Wilkes explicó que la artista no había leído a Austen y trabajó con referencias —entre ellas, la adaptación de Orgullo y prejuicio protagonizada por Greer Garson—; de ahí ciertos atuendos poco rigurosos para la época.
Y, francamente, me parece bastante más fértil que un fallo decorativo. Las cartas quedan en un territorio peculiar: no son ilustración historicista ni simple merchandising de té con puntillas, sino una interpretación de Austen pasada por la memoria visual del cine. Eso le da a la lectura una distancia deliciosa. En vez de pedir precisión de catálogo, pide que atendamos al papel social, a la pose, al malentendido y a lo que cada personaje está representando ante los demás. Es decir: justo donde Austen afila el cuchillo.
No la elegiría para aprender tarot desde cero ni para quien necesite iconografía cristalina y ortodoxa. Pero sí merece entrar en una colección cuando ya tienes suficientes barajas “correctas” y te falta una que convierta la inexactitud en atmósfera. Porque aquí el corsé quizá no sea de fecha impecable; la observación humana, en cambio, sí tiene muy buena puntería.
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