Cuando el tarot se te queda corto para nombrar quién mira y quién crea.

Las dos cartas extra de Fantôme se llaman The Reader y The Artist.
No son dos comodines sin oficio: convierten la lectura en una escena de doble foco, entre quien interpreta los símbolos y quien les da forma. Ese pequeño desvío de las 78 cartas reglamentarias explica que Fantôme no quiera limitarse a vestir de azul un Rider-Waite de toda la vida.
Hay barajas minimalistas que confunden reducir con adelgazar: mucho espacio vacío, cuatro líneas doradas y la vaga esperanza de que una se emocione por decreto. Fantôme, por lo que muestra su planteamiento, juega otra partida. Su rareza no está sólo en la geometría, el azul frío o el barniz de misterio, sino en que se permite salir del censo canónico con dos cartas extra: The Reader y The Artist.
Me parece una decisión bastante más inteligente de lo que aparenta. El tarot tradicional está lleno de figuras que actúan, sufren, mandan, esperan o se caen de una torre con notable estrépito; pero rara vez señala de frente a quien está mirando las cartas y a quien compone el relato. Aquí esas dos presencias ponen sobre la mesa la mediación: no recibimos símbolos puros, porque siempre hay una mirada que los ordena y una imaginación que los encarna. Vaya, que el mazo admite que una lectura no baja del Olimpo plastificada.
Eso lo vuelve especialmente interesante para coleccionistas que ya tienen un Rider-Waite-Smith funcional y no necesitan otro clon con pestañas nuevas. Fantôme propone un pequeño gesto metatarotista: usar dos cartas adicionales para hablar del propio acto de leer. No sustituye al tarot clásico; le coloca un espejo delante. Y ésa sí es una razón decente para hacer hueco a otra caja en la estantería.
También buscado como: Tarot Fantome de La Muci