Cuando el Petit Lenormand se te queda en los huesos

Las 54 cartas se articulan también como un recorrido por mitos y héroes grecorromanos.
Aquí no manda el icono rápido y autosuficiente: el mazo convierte cada consulta en una lectura con capas mitológicas, además de sus correspondencias cartománticas. Eso obliga a mirar más despacio y cambia por completo el tipo de conversación que una carta puede sostener.
Hay quien compra un Lenormand esperando otro zorro, otra torre y otra carta de los ratones con un traje distinto. Y luego descubre que el Grand Jeu no ha venido a ser práctico en el sentido pequeñito de la palabra. Ha venido a complicar —felizmente— la lectura.
El detalle que le da verdadera razón de ser a esta edición es su entrada por los mitos y héroes grecorromanos. No funciona como una decoración culta puesta para impresionar a quien hojea el estuche: desplaza el centro de gravedad del mazo. Una carta deja de ser sólo una respuesta operativa, inmediata, casi telegráfica, y pasa a tener personaje, relato, destino y sombra. Es decir: material para pensar, que nunca estorba en cartomancia.
Yo la veo especialmente justificada para quien ya conoce el Lenormand breve y empieza a echar de menos que sus tiradas respiren algo más que eficacia. Aquí se puede leer el hecho —porque sigue habiendo estructura cartomántica—, pero también la forma en que ese hecho se representa, se repite o se enreda en una historia mayor. No es una baraja para sacar tres cartas entre el café y el correo pendiente; tampoco tiene por qué serlo todo. Merece entrar en una colección precisamente porque ofrece otro idioma: menos eslogan, más escena; menos palabra-clave, más mito. Y eso, francamente, no lo arregla un zorro con sombrero nuevo.
También buscado como: Gran juego de Mademoiselle Lenormand