Para cuando tu Lenormand pide raíces, no retoques.

Sus 36 cartas reproducen el juego tradicional conservado en la Biblioteca Nacional de París.
No parte de una reinterpretación temática ni de un Lenormand “inspirado en”: se presenta desde un ejemplar patrimonial concreto. Eso desplaza la mirada del adorno a la genealogía visual del sistema.
Hay Lenormand que quieren seducirte con gatitos, lunas art nouveau, brilli-brilli y una zorra que parece haber salido de una campaña de perfume. Y luego están los que recuerdan que este sistema no necesita disfraz para tener carácter. La razón de ser de este Petit Lenormand está precisamente en que sus 36 cartas se anuncian como reproducción del juego tradicional conservado en la Biblioteca Nacional de París.
Eso no es una nota de museo para quedar elegante: cambia el objeto. Aquí el interés no está en sumar otra estética amable al estante, sino en acercarse a una imaginería que reclama linaje. Para quien ya lee Lenormand, puede ser muy útil volver a una versión menos pendiente de complacer al ojo contemporáneo y más atenta a la contundencia de los emblemas. El Jinete, la Casa, la Zorra o la Cruz no tienen que hacer teatro: ya llevan siglos diciendo mucho con muy poco.
Yo lo veo especialmente justificable como baraja de contraste. Frente a los mazos modernos, llenos de capas narrativas y decisiones de autor, esta propone medir cuánto de nuestra lectura nace realmente de la carta y cuánto hemos añadido nosotras con la decoración. Una pequeña cura de humildad cartomántica, que nunca viene mal. Si coleccionas Lenormand con criterio, esta merece sitio porque no vende una ocurrencia: pone sobre la mesa una referencia.
También buscado como: Pequeño Lenormand