Para cuando no sabes quién eres en la tirada

Incluye dos cartas Monsieur y dos cartas Dame, en lugar de una pareja única de consultantes.
Las cuatro cartas de persona convierten los significadores en una elección consciente: puedes separar identidades, papeles y vínculos sin obligar a toda consulta a encajar en la pareja convencional.
Hay Lenormand que se limitan a ponerse un filtro sepia, decir “vintage” y esperar que una caiga rendida. Este tiene un gesto bastante más inteligente: no da por sentado que la lectura ha de organizarse alrededor de un único Monsieur y una única Dame. Sus dos cartas de cada figura permiten decidir quién representa a quién —o qué papel ocupa cada cual— antes de empezar a hilar combinaciones.
Parece una minucia, pero no lo es. En Lenormand, donde las cartas de persona pueden ordenar una mesa entera, disponer de cuatro significadores abre la puerta a preguntas menos domésticas y menos encorsetadas: dos socios, una familia con posiciones cruzadas, un triángulo que no necesita convertirse en culebrón heteronormativo de sobremesa, o sencillamente el consultante visto desde dos funciones distintas. Una carta puede ser la persona y otra, su rival, colega, amante, hermano o contraparte.
A mí me convence precisamente porque no pretende reinventar el Lenormand a martillazos. Conserva su lenguaje directo y aprovecha una modificación estructural para hacerlo más hospitalario. Para quien empieza, además, es una lección práctica estupenda: el significador no es decoración ni una etiqueta automática; es una pieza que se elige y altera la lectura. Otra baraja merece sitio cuando te obliga a formular mejor la pregunta. Esta lo hace con cuatro personajes y bastante más cabeza de la que parece.
También buscado como: Lenormand a la antigua