Cuando quieres un tarot de arte que no se limite a ponerle un marco renacentista al Rider.

Los Arcanos Mayores fueron ilustrados por Iassen Ghiuselev en 1992 y los 56 Arcanos Menores los completó Atanas Atanassov una década después.
No es una colaboración repartida por palos ni un capricho de créditos: esta baraja nació primero como una obra de 22 triunfos y solo después recibió sus menores. Mirarla así permite entender por qué los Mayores tienen un peso casi de pieza autónoma, mientras los Menores terminan de construir el mundo visual de Leonardo.
Ésta no es la típica baraja que ha decidido que «arte» significa recortar una Madonna, colocarle el rótulo de La Emperatriz y santas pascuas. Su gracia está en su peculiar genealogía: primero existieron los 22 Arcanos Mayores de Iassen Ghiuselev, creados en 1992; diez años más tarde Atanas Atanassov completó los Menores. Es decir, el mazo entero se construyó alrededor de un núcleo de triunfos que ya tenía entidad propia.
Y eso se nota en la idea, incluso antes que en el estilo. Los Mayores no parecen una plantilla Rider-Waite vestida de sfumato; se apoyan en elementos, invenciones, símbolos y atmósferas asociados a Leonardo para pensar cada arquetipo desde dentro. Después, los Menores no hacen de comparsa decorativa: amplían el escenario y permiten que el proyecto sea legible como tarot completo.
A mí me parece una compra que justifica su sitio en una colección precisamente por esa costura visible, pero elegante, entre dos décadas y dos dibujantes. No busca fingir que Leonardo pintó un tarot perdido —menos mal; bastante mito hay ya alrededor del señor—, sino imaginar qué habría pasado si su archivo de rostros, máquinas, anatomías y enigmas hubiese entrado de verdad en el lenguaje cartomántico. Para quien ya tiene un tarot artístico bonito, pero quiere uno con una tesis y no solo con marcos dorados, aquí hay motivo de sobra.
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