Para cuando el aburrimiento pide alas, tijeras y trama propia.

Incluye seis tipos de juego, entre ellos memory, puzles, joyería de hadas y aventuras narrativas.
No se limita a ofrecer recortables bonitos: convierte las mismas piezas en juegos de memoria, construcción, adorno y relato. Esa variedad hace que la maleta funcione más como un pequeño teatro portátil que como un libro de actividades de usar y olvidar.
Hay productos de hadas que confunden purpurina con imaginación y se quedan en una portada monísima, dos pegatinas y a correr. Esta maleta, en cambio, tiene una idea bastante más lista: las piezas no están ahí solo para recortar, sino para cambiar de función según el juego. El mismo universo sirve para memory, puzles, joyería de hadas y aventuras narrativas; es decir, para recordar, construir, adornar e inventar.
Ese es el detalle que le da sentido. No propone una única manualidad con fecha de caducidad inmediata, sino una pequeña dramaturgia doméstica: personajes, accesorios y escenarios que pasan de mano en mano y, con un poco de fortuna, acaban teniendo nombres, manías y misiones absurdamente importantes. Como debe ser.
Yo la veo especialmente acertada para acompañar una tarde larga, un viaje o ese momento en que alguien necesita entretenerse sin que una pantalla haga de niñera universal. La estética feérica importa, claro, pero aquí la compra merece la pena por la estructura: seis maneras de activar un mismo imaginario. No es una maleta que guarde hadas; guarda excusas para jugar con ellas de formas distintas. Y eso, en un objeto infantil, es bastante más raro de lo que parece.
También buscado como: My Fairy Suitcase