Para dejar de adornar la tirada y aprender a leer frases.

La mitad superior de cada carta está ocupada por un verso en inglés.
No es un adorno editorial: el verso compite deliberadamente con la imagen mínima y obliga a mirar cada carta como una pieza de lenguaje, no como una ilustración para perderse en asociaciones infinitas.
Hay Lenormand que intentan convencerte de que son una novela ilustrada, con su damisela, su niebla y su zorro muy dramático. Y luego está el Blue Owl, que viene a recordarte —con bastante poca paciencia, gracias— que Lenormand funciona por sintaxis. Su rareza más interesante es ese verso inglés que ocupa buena parte de cada carta: no deja que la imagen se convierta en un Rorschach con pretensiones.
Me parece una decisión estupenda para quien conoce el tarot y aún se empeña en sacar una tesis doctoral de una Nube junto a un Perro. Aquí la Nube es nube, el Perro es perro y el texto introduce una dirección concreta sin sustituir el trabajo de combinar. El resultado tiene algo deliciosamente antiguo: parece que las cartas te hablan con una copla breve, medio sentencia y medio aviso de señora que ya ha visto demasiados líos sentimentales.
No compraría otra baraja clásica sólo porque sí; para eso ya tenemos cajones llenos de variantes con pájaros más lustrosos. Pero ésta sí tiene sentido si buscas disciplina visual y verbal a la vez. El verso no simplifica el Lenormand: le pone freno a la fantasía cuando se pone estupenda. Y ése, para aprender a leer cadenas de cartas con claridad, es un mérito bastante más serio de lo que parece.
También buscado como: Lenormand Búho Azul