Para cuando tus páginas piden ceremonia, no otro fondo neutro.

El cuaderno alterna la solemnidad de la pintura al óleo renacentista con la ligereza ornamental de la acuarela Art Nouveau.
Ese cruce de lenguajes hace que no funcione como un simple bloque de papeles bonitos: permite montar páginas que pasan del altar íntimo al herbario decadente sin cambiar de universo visual.
Hay cuadernos para llenar y cuadernos que, francamente, obligan a pensarse dos veces dónde se pega cada recorte. Este parece pertenecer a la segunda especie. Su gracia no está en invocar el tarot como estampita decorativa —pecado bastante extendido en la papelería mística—, sino en hacer convivir dos registros que rara vez se entienden tan bien: la gravedad teatral del óleo renacentista y la línea vegetal, vaporosa y ornamental del Art Nouveau.
Esa mezcla cambia el juego del junk journal. Una página puede pedir una composición casi votiva, con dorados, lunas, marcos y símbolos; la siguiente admite flores, transparencias, anotaciones y capas más libres. No hace falta decidir si el diario será antiguo, romántico, esotérico o ligeramente excesivo: aquí puede ser las cuatro cosas, que para algo estamos haciendo collage y no rellenando una declaración de la renta.
Yo le veo especial sentido a quien construye cuadernos de tiradas, diarios lunares o álbumes de correspondencias personales y se aburre cuando todos los papeles pertenecen al mismo catálogo visual. Comprar otra baraja —o, en este caso, otro soporte para jugar con su imaginario— merece la pena cuando aporta una tensión estética concreta. Aquí la tensión es precisamente esa: capilla renacentista por un lado, jardín simbolista por el otro.
También buscado como: Diario de serenidad del tarot a la luz de la luna