Para cuando sabes mirar la carta, pero no traducirla

Cada carta lleva su significado impreso, de modo que puede leerse sin abrir el librito.
No es un detalle decorativo: convierte el mazo en una especie de chuleta integrada. La imagen Rider-Waite-Smith sigue haciendo su trabajo simbólico, pero las palabras evitan ese primer bloqueo tan poco místico de «sé que esto parece importante, pero no sé por dónde empezar».
Hay barajas para estudiar tarot y barajas que, con toda la dignidad del mundo, te dejan en la cuneta a la segunda tirada porque aún no sabes qué hacer con un Caballero de Copas. Esta apuesta resuelve el problema de una manera muy concreta: imprime los significados en las propias cartas.
No me parece una concesión menor ni un truco para venderle tarot a quien no quiere aprenderlo. Al contrario: es una decisión de diseño bastante sensata. La escena conserva la gramática del Rider-Waite-Smith —la que luego permite entender infinidad de mazos y manuales—, mientras las palabras ofrecen un primer asidero inmediato. Se puede mirar, asociar, recordar y, poco a poco, dejar de necesitar la ayuda. Como las ruedecitas de una bicicleta, sí; pero unas ruedecitas que no insultan la inteligencia.
Ahí está la razón por la que otra baraja puede merecer sitio: no promete una iluminación instantánea ni disfraza el tarot de póster motivacional. Ataca el instante preciso en que una persona principiante se queda muda ante una imagen cargada de símbolos. Para lecturas sencillas, estudio cotidiano o para perder el miedo a formular una interpretación propia, que la carta hable también con palabras cambia bastante el asunto. Después ya habrá tiempo de discutir matices, sombras y dignidades. Primero, conviene poder empezar.
También buscado como: Mi primer tarot