Para cuando el drama necesita bigote y guantes blancos.

Incluye dos cartas extra, Happy Squirrel y Sad Squirrel, sin instrucciones de uso en el libro guía.
No son una variante de un arcano ni un comodín explicado: aparecen entre los Arcanos Mayores y los Menores, y quedan deliberadamente a la intemperie interpretativa. Esa pequeña indisciplina convierte un tarot muy reconocible en una baraja que te obliga a decidir si lees, apartas o dejas que dos ardillas alteren el guion.
Hay barajas que se disfrazan de graciosas y, en cuanto pasa el primer chiste visual, se quedan en cartón con complejo de taza. Mystical Medleys tiene una travesura bastante más inteligente: introduce Happy Squirrel y Sad Squirrel, dos cartas extra sin manual de instrucciones, colocadas nada menos que entre los Mayores y los Menores.
A mí ese gesto me parece la clave de la baraja. El lenguaje visual de los dibujos animados antiguos puede hacer pensar en un Rider-Waite-Smith domesticado, todo ojos redondos, guantes blancos y elasticidad de goma; pero las ardillas rompen el mecanismo con una pregunta muy sana: ¿de verdad queremos que cada carta venga ya resuelta, numerada y convenientemente explicada? Pues no siempre.
Puedes retirarlas y usar la estructura clásica sin escándalo. Pero si las dejas entrar, obligan a trabajar con el tono, la intuición y hasta el absurdo: la ardilla feliz como exceso de confianza, alivio infantil o suerte ridícula; la triste como bajón, capricho herido o esa pequeña catástrofe que no merece convertir la consulta en Shakespeare. No porque ésos sean sus significados oficiales —precisamente no los tienen—, sino porque el mazo te devuelve la responsabilidad interpretativa.
Por eso merece ocupar sitio en una colección ya poblada: no añade «un tarot cartoon» más. Añade dos intrusas sin catecismo en medio de una tradición que a veces se toma demasiado en serio a sí misma. Y ya era hora.
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