Para cuando el Lenormand te habla en dialecto marciano.

La guía de Virginia Pereyra aparece reunida en ocho ediciones lingüísticas distintas.
No es el típico manual local reciclado con otra cubierta: el mismo enfoque circula en inglés, español, francés, alemán y portugués, entre otras ediciones. Eso la sitúa más cerca de un método portátil que de una ocurrencia editorial aislada.
Hay manuales de Lenormand que se limitan a poner treinta y seis significados en fila, como quien pasa lista en un colegio triste. Y luego están los que aspiran a dar una gramática para que las cartas dejen de ser estampitas con palabras-clave. El detalle que me hace levantar una ceja ante esta guía de Virginia Pereyra es muy concreto: su recorrido por ocho ediciones lingüísticas. No convierte automáticamente un libro en santo patrón de la cartomancia —ojalá funcionase así de fácil—, pero sí delata una ambición poco frecuente en un nicho que suele vivir de repetir fórmulas.
Que exista en varias lenguas importa porque el Petit Lenormand tiene un problema precioso y endiablado: cada carta parece sencilla hasta que hay que enlazarla con la siguiente. Ahí es donde una guía que pretende sostener un método, y no sólo repartir definiciones, tiene sentido.
Esta edición portuguesa, además, se presenta como nueva edición en color. Para quien está empezando y todavía confunde intuición con improvisación, puede ser una compañera sensata: no para sustituir la práctica, sino para poner orden cuando la Casa, la Torre y las Nubes empiezan a montar una conversación que una no sabe escuchar. Merece la pena precisamente por esa vocación de idioma común: propone entrar al Lenormand por su sintaxis, no por el humo ritual.
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