Es para empezar de nuevo sin hacer teatro de la catástrofe.

La caja de Petal Sky repite a El Loco: un caminante con mochila y perro blanco bajo una lluvia de pétalos.
El Loco no aparece aquí con la rosa blanca y el precipicio limpio del Rider-Waite-Smith, sino como un caminante de montaña con mochila, acompañado por un perro blanco y atravesado por pétalos que caen desde lo alto. La misma escena se usa en la caja, de modo que el mazo se presenta desde fuera con su propia idea de comienzo: no el salto teatral al vacío, sino ponerse en marcha con algo de equipaje y un paisaje bastante menos hostil.
Petal Sky Tarot no viene a reinventar la rueda —ni falta que le hace—, sino a suavizar una puerta de entrada que a veces se nos pone demasiado solemne. Es un tarot completo de 78 cartas, con arcanos mayores y menores, títulos reconocibles y una lectura visual bastante directa; lo que cambia es el tono. Y el tono, entre nosotras, importa más de lo que parece.
Quédate con El Loco, porque ahí está la clave del mazo. En vez del joven con su flor y su alegre inconsciencia al borde del abismo, vemos a un caminante con mochila, perro blanco y una lluvia de pétalos sobre las montañas. No elimina la idea de partida, pero la baja del pedestal: empezar no siempre es lanzarse sin red; a veces es echar a andar con lo que una trae encima. La caja insiste en esa misma escena, como dejando claro desde el principio cuál es su versión del tarot.
Yo se lo recetaría a quien quiere aprender los arcanos sin sentir que cada tirada exige velas negras, tres grimorios y una crisis de destino. Sus flores y cielos claros no sustituyen el sistema, pero le quitan hierro a la primera conversación con él. No es la baraja para quien busca iconografía histórica, sombras psicológicas o una reinterpretación radical de Waite-Smith: las cosas como son. Sí tiene sentido para quien necesita que el tarot le hable de comienzos con menos vértigo y bastante más aire.
También buscado como: Tarot Cielo de Pétalos