Para cuando el Jinete ya no se parece a nadie de tu consulta.

Sus 40 cartas son las 36 del Lenormand clásico más cuatro cartas alternativas de representación inclusiva.
No añade cuatro símbolos nuevos al sistema: ofrece alternativas para algunas figuras humanas. Así, el Grand Tableau conserva su gramática de 36 cartas, pero no obliga a que cada persona encaje en los personajes de siempre.
El detalle que le da sentido a este Pocket Lenormand no es que sea pequeño —barajas pequeñas hay a patadas—, sino que sus cuarenta cartas esconden una decisión bastante más inteligente: las 36 piezas reglamentarias del Lenormand y cuatro alternativas para las figuras humanas.
Eso importa porque el Lenormand, cuando se lee bien, es terriblemente concreto. No vive de arquetipos vaporosos ni de que todo el mundo sea “energía femenina” cuando conviene salir del paso. La Mujer, el Hombre y las cartas de persona pueden señalar a alguien real dentro de una red de relaciones muy precisa. Y ahí el mazo tradicional puede ponerse un poco rancio, con la delicadeza habitual de un armario de 1850.
Aquí no se reforma el sistema hasta dejarlo irreconocible: se mantienen las 36 cartas necesarias para el Grand Tableau y se añaden opciones. Me parece una solución sensata. Permite adaptar la representación de quien consulta o de quienes aparecen en la lectura sin inventarse equivalencias apresuradas ni hacer de cada tirada un seminario de semiótica.
Por eso merece existir otra baraja Lenormand: no por traer un zorro más dramático o una Torre con niebla cinematográfica, sino por resolver un problema práctico de lectura. Es una baraja para aprender la estructura clásica sin aceptar, como si fuera ley natural, que sus personajes sólo puedan tener una cara.
También buscado como: Lenormand de bolsillo para adivinación diaria