Para cuando quieres preguntar sin ponerte solemne.

Se presenta como un tarot completo de 78 cartas y, a la vez, como un oráculo de conejos.
Ese doble apellido no es una minucia comercial: promete la estructura reconocible de un tarot entero, pero vestida con el tono amable, directo y menos ceremonial que suele asociarse a un oráculo.
Hay barajas que llegan con toda la gravedad del misterio, como si para sacar una carta hubiera que encender siete velas y haber leído a Jung en alemán. Esta, por lo que declara su propia presentación, juega en otra liga: conserva las 78 cartas de un tarot completo, pero se ofrece también como oráculo y coloca al conejo en el centro del imaginario.
Ahí está su razón de ser. No pretende sustituir al mazo clásico para quien quiere estudiar iconografía, genealogías visuales o correspondencias hasta el último detalle; pretende rebajar la ceja levantada del tarot sin reducirlo a una ocurrencia. El conejo no es un animal neutro: habla de alerta, fertilidad, instinto, velocidad y refugio. Es decir, de esa inteligencia pequeña pero muy seria que sabe cuándo salir, cuándo esconderse y cuándo no conviene seguir mordisqueando el mismo problema.
Me interesa especialmente esa condición híbrida de «tarot-oráculo». Puede ser una puerta cómoda para quien se intimida ante los arcanos y, a la vez, una alternativa desenfadada para lecturas cotidianas: una pregunta breve, una imagen amable, y a otra cosa. Comprar otra baraja merece la pena cuando cambia el tono de la conversación con las cartas. Esta parece diseñada precisamente para que la intuición entre por la madriguera, no por la cátedra.
También buscado como: Tarot ilustrado de conejos, 78 cartas