Cuando el Rider clásico te parece un mapa mal iluminado.

Virginijus Poshkus conservó el dibujo lineal original de Pamela Colman Smith y rehízo únicamente las capas de color.
No es un Rider-Waite «reinterpretado»: la arquitectura simbólica de las 78 escenas permanece intacta, pero el color, las sombras y la legibilidad se han reconstruido. Por eso se reconoce todo y, a la vez, se ven cosas que el amarillo plano y las tintas antiguas solían dejar en segundo término.
Hay Rider-Waite que se compran por deber histórico y Rider-Waite que se compran porque, de pronto, te permiten leerlo mejor. Este pertenece al segundo grupo. Su pequeña pero decisiva rareza es que no cambia los dibujos de Pamela Colman Smith: Virginijus Poshkus mantiene el trazo original y reconstruye solo las capas de color. Parece una precisión de imprenta para gente con lupa; en realidad, modifica la conversación con la baraja.
La estructura sigue siendo la que conviene aprender: los arcanos menores narrativos, los gestos, los objetos, las miradas y esas escenas que han enseñado tarot a medio planeta. Nada de tener que traducir una ocurrencia estética ajena antes de poder interpretar. Pero aquí el color suaviza la rigidez de ciertas reproducciones clásicas, aclara planos y hace que las figuras respiren algo más. No se ha modernizado el lenguaje: se ha encendido la luz.
Yo la recomendaría a quien sabe que necesita un Rider-Waite, pero sospecha —con razón— que no tiene por qué estudiar con una impresión que parezca castigarte por haber abierto la caja. También sirve para volver a las cartas conocidas y comprobar cuánto detalle habíamos dejado pasar por culpa de los colores planos. Comprar otra baraja merece la pena cuando aporta una lectura distinta sin desmontar el alfabeto que ya conoces. Aquí la novedad no grita: enfoca.
También buscado como: Tarot Rider-Waite Radiante