Para cuando una lectura de pareja no cabe en el molde de siempre.

Incluye una carta de Dama y una de Caballero adicionales para formular lecturas de parejas del mismo sexo.
No son cartas decorativas ni una vaga declaración de intenciones: amplían de forma práctica las figuras personales del Lenormand clásico para que la tirada no obligue a decidir de entrada quién ha de ocupar el papel de Dama o Caballero.
Hay barajas florales que confunden suavidad con azúcar glas y acaban pareciendo el papel de regalo de una perfumería. Esta, al menos, tiene una decisión estructural que la saca de esa zona tan transitada: añade una Dama y un Caballero para lecturas de parejas del mismo sexo.
Y eso importa mucho más de lo que parece. En Lenormand, las cartas personales no son un adorno ni una concesión estética: ordenan la pregunta, fijan posiciones, señalan vínculos y permiten leer una escena sin convertir la identidad de los consultantes en un incómodo problema logístico. El mazo clásico trae dos significadores humanos y, durante demasiado tiempo, se ha esperado que quien lee resolviera el resto con una pirueta interpretativa. Aquí la solución viene dentro de la caja, que ya era hora.
Las flores en cada carta no reinventan el sistema —ni falta que hace—, pero sí le dan un clima ligero a un lenguaje que puede ser bastante tajante. Yo la veo especialmente acertada para consultas afectivas cotidianas: conversaciones pendientes, ambigüedades, terceras personas, convivencia, ese catálogo entero de delicadezas humanas que el Lenormand despacha sin incienso.
¿Merece otra baraja? Si buscas un Lenormand que no te obligue a traducir tu pregunta de pareja al esquema de 1840 antes de empezar a leer, sí. La inclusión aquí no es un lacito: es una herramienta de lectura.
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