Para cuando una tirada amorosa no admite protagonistas por defecto.

Incluye dos cartas adicionales pensadas para lecturas y preguntas entre personas del mismo sexo.
No se limita a teñir de flores el Petit Lenormand: añade dos cartas para que las lecturas afectivas entre personas del mismo sexo no tengan que traducirse a la fuerza desde las parejas convencionales. Es un ajuste pequeño en número, pero muy concreto en la mesa.
Un Lenormand floral puede parecer, de entrada, otra variación pastel para quien necesita que hasta la carta de la Guadaña huela a peonía. Y, francamente, hay unas cuantas. Pero el Sweet Blossom tiene un gesto que evita que se quede en decoración amable: incorpora dos cartas adicionales para consultas o lecturas entre personas del mismo sexo.
No es una revolución del sistema Lenormand ni pretende reescribir sus 36 cartas —menos mal; el método funciona precisamente porque su vocabulario es estable—. Es algo más inteligente: reconoce que, cuando se consulta por vínculos, las figuras de pareja no son un asunto meramente ornamental. Quien haya tenido que explicar una y otra vez que el significador no representa literalmente a «el hombre» o «la mujer» entenderá el alivio. Y quien no, quizá descubra que el lenguaje visual de una baraja también puede dejar de poner deberes innecesarios.
Para mí, ahí está la razón de ser de esta edición. Las flores y el aire primaveral dan ligereza, sí, pero las dos cartas extra le conceden una utilidad concreta en lecturas afectivas cotidianas. No obliga a adaptar la pregunta antes de barajar ni a pedir permiso a una iconografía heredada. Es un Lenormand que conserva la gramática clásica y corrige, con discreción, una de sus inercias. Comprar otra baraja merece la pena cuando no solo cambia el vestido: cambia quién puede verse dentro de la escena.
También buscado como: Lenormand Dulce Flor