Cuando tu carta diaria se queda corta, conviértela en amuleto.

El libro trabaja las 78 cartas del tarot para la creación de talismanes, incluidos arcanos menores y figuras de corte.
No reserva la magia para los veintidós arcanos mayores, como hacen tantos manuales con pereza simbólica: convierte también palos y cortes en materia talismánica, de modo que una lectura puede acompañarte fuera de la mesa.
Hay libros de tarot que invocan «manifestación» como quien espolvorea canela sobre cualquier cosa: queda aromático, pero no necesariamente más serio. Aquí el gesto que me interesa es bastante más preciso: Lori Lytle no deja que los arcanos menores y las figuras de corte se queden en el rincón de las cartas supuestamente menos fotogénicas. Los incorpora, una por una, al trabajo talismánico.
Eso cambia el asunto. Porque no es lo mismo llevarse la solemnidad un tanto previsible de La Estrella o El Mago que trabajar, por ejemplo, con la persistencia de un Nueve de Bastos, la administración concreta de una Reina de Oros o la claridad incómoda de un As de Espadas. El tarot deja de ser una colección de grandes símbolos para días de revelación y se vuelve un vocabulario completo para la vida corriente: un objeto, una joya, una piedra o un hallazgo del bolsillo cargados con la cualidad exacta que ha señalado la tirada.
Me parece una compra que sí se justifica si ya lees tarot y quieres que la lectura no muera al recoger las cartas. No añade otra capa de palabras bonitas al ritual: propone trasladar el significado de cualquiera de las 78 cartas a algo que puedas conservar, llevar o mirar después. Y, francamente, devolverle a los menores y a las cortes su dignidad mágica ya es bastante más interesante que otro tratado que sólo sabe hablar de La Luna.
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