Para cuando tu Marsella ya no te basta con mirar: quieres descifrar.

La edición Bozzelli se construye sobre una «estructura cifrada» de miles de códigos combinados entre símbolos, colores y nombres-números de las cartas.
No plantea el Marsella como un repertorio de láminas antiguas que admirar o interpretar por intuición, sino como una maquinaria de correspondencias: el color, el símbolo y la numeración pasan a leerse como piezas de un mismo enigma.
Hay Marsellas que se compran por devoción histórica, otros por la limpieza de su restauración y unos cuantos porque una ya ha decidido que necesita otro Diablo amarillo en la estantería. Este tiene una razón menos decorativa y bastante más interesante: su llamada «estructura cifrada».
La propuesta de Bozzelli parte de que las cartas no agotan su sentido en la figura central. Aquí símbolos, colores y nombres-números se combinan como códigos; es decir, el mazo pide mirar las relaciones internas, no limitarse a recitar el significado de manual de cada arcano. Y eso cambia mucho la conversación. El Dos de Oros deja de ser solamente un dos; el rojo no está simplemente para alegrar la impresión; una repetición formal puede ser una pista y no una extravagancia del grabador.
No lo recomendaría como primer Marsella si lo que se busca es una baraja que haga el trabajo narrativo por una. Los menores pip no van a convertirse milagrosamente en escenas de cuento, qué desilusión para quien esperaba unicornios. Pero sí me parece una incorporación muy defendible para quien ya lee Marsella y nota que desea un sistema que le obligue a afinar la observación.
Comprar otra baraja merece la pena cuando cambia la pregunta que le haces al tarot. Esta no se limita a preguntar «¿qué significa esta carta?»: insiste en «¿por qué está construida exactamente así?». Y ésa, francamente, es una diferencia con sustancia.
También buscado como: Divinatory Tarot of Marseille