Cuando tu cuaderno pide tarot sin otra tirada

No es una baraja: reúne más de 200 imágenes de tarot pensadas para recortar, pegar y reutilizar.
Ese cambio de formato lo altera todo: aquí el tarot no se consulta como un mazo cerrado, sino que se despieza y se convierte en materia prima para páginas, collages y pequeños altares de papel.
Hay productos de tarot que se disfrazan de objeto místico cuando, en realidad, son un montón de clipart con luna y estrella. Este no necesita fingir: su gracia está precisamente en que no es una baraja. Reúne más de 200 imágenes de temática tarotera para hacer con ellas lo que una baraja convencional no permite sin que a una le dé un telele: recortar, rasgar, superponer, envejecer, pegar sobre una carta, convertir en etiqueta o dejar asomar de un bolsillo de junk journal.
Eso merece la pena si tu relación con el tarot también pasa por las manos. No por “manifestar abundancia” con washi tape —por favor, conservemos cierta dignidad—, sino por pensar con imágenes. Una carta aislada, arrancada de su orden habitual, puede servir para construir una página sobre una lectura, un cuaderno de estudio o una correspondencia creativa. Y doscientas y pico imágenes dan margen para repetir motivos sin caer en la penuria visual de la típica lámina descargable.
Su valor no está en sustituir un mazo ni en prometer profundidad adivinatoria. Está en liberar la iconografía del tarot de la obligación de permanecer intacta. Para quien hace collage, scrapbooking o diarios visuales y quiere que el tarot deje huellas físicas en el papel, ésta es de esas compras que justifican abrir espacio en la estantería.
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