Cuando el tarot se te queda corto de panteón.

La baraja busca a la Diosa en mitologías de todo el mundo bajo cuatro rostros: Madre, Esposa, Guerrera y Hechicera.
No usa «diosa» como un decorado violeta genérico: plantea esas cuatro funciones como lentes para recorrer los arquetipos del tarot. Eso obliga a mirar cada carta menos como una estampa bonita y más como una encarnación concreta de lo divino, lo humano y la naturaleza.
Hay barajas de diosas que parecen haber resuelto el asunto poniendo coronas, lunas y bastante brillo sobre un tarot convencional. Este Tarot de las diosas propone algo algo más articulado: busca encarnaciones de la Diosa en mitologías de todo el mundo y las lee desde cuatro figuras muy precisas —Madre, Esposa, Guerrera y Hechicera—. Y ahí está su gracia.
No es una clasificación inocente. La Madre no es simplemente dulzura; la Esposa trae vínculo, pacto y posición social; la Guerrera introduce conflicto, defensa y voluntad; la Hechicera sabe de transformación, saber incómodo y zonas que no se explican con una frase de taza. Esas cuatro miradas dan un eje a las 78 cartas y evitan que el repertorio mitológico se convierta en un desfile de nombres exóticos.
Yo la veo como una baraja que merece sitio cuando el Rider-Waite-Smith empieza a sonar demasiado monocorde y una quiere ampliar imaginario sin abandonar la estructura del tarot. No viene a sustituir al mazo de diario ni falta que hace. Viene a recordar que los arquetipos no nacieron todos en la misma casa victoriana. Para una colección con interés real por las reinterpretaciones culturales del tarot, esa cuadrícula de Madre, Esposa, Guerrera y Hechicera le da una personalidad bastante más seria de lo que su título, tan directo, podría hacer pensar.
También buscado como: Goddess Tarot