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Tarot y Oráculos

Tarot de los gatos negros

Para cuando conoces el significado, pero no sabes hacia dónde inclina la carta.

Tarot de los gatos negros
Autor / marca: Maria Kurara

La posición de las orejas, la cola y la mirada de cada gato añade una dirección interpretativa que no figura en el significado clásico de la carta.

No son gatos puestos sobre un Rider-Waite para que quede monísimo: su lenguaje corporal funciona como un segundo verbo. Un gato con las orejas atrás, la cola erguida o la mirada esquiva puede torcer —o precisar— la lectura arquetípica antes de abrir el librito.

Hay barajas de gatos que se limitan a sustituir al señor con túnica por un minino con túnica. Esta tiene una idea bastante más inteligente: deja que el gato haga de gato. Y eso importa, porque el hallazgo está en su lenguaje corporal. Orejas, cola, lomo, mirada, distancia respecto a los demás: pequeños gestos que introducen un matiz emocional en una estructura conocida.

Para mí, ahí está su razón de ser. Si ya lees Rider-Waite-Smith y a veces te encuentras repitiendo significados como quien recita la lista de la compra, este mazo te obliga a volver a mirar la escena. La carta no solo dice «conflicto», «espera» o «deseo»; el felino parece decidir si afronta, acecha, se protege o pasa olímpicamente del asunto. Y, francamente, un gato tiene maneras muy expresivas de pasar olímpicamente.

El gato negro, además, no aparece aquí como un atrezzo gótico de saldo, sino como criatura fronteriza: doméstica y salvaje, cotidiana y sospechosamente mágica. Esa ambigüedad le sienta de maravilla al tarot. No compraría otra baraja felina solo porque tenga bigotes; compraría esta si necesito que las imágenes me devuelvan una pregunta más concreta que el manual. Porque aquí el gesto del animal puede ser precisamente la diferencia entre una lectura correcta y una lectura viva.

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