Para dejar de confundir tradición con numeritos.

La Justicia lleva el número VIII y la Fuerza el XI, siguiendo la numeración del Tarot de Marsella.
No es un capricho tipográfico: obliga a quien viene del Rider-Waite-Smith a recolocar dos arcanos mayores decisivos y a leer el mazo desde su gramática marsellesa, no como un RWS vestido de art déco.
Hay barajas híbridas que anuncian una conversación entre Marsella y Rider-Waite-Smith, y luego se limitan a ponerle mucho dorado al asunto. Aquí, en cambio, la conversación tiene consecuencias. La más reveladora está en dos números que a menudo se despachan como si fueran decoración: Justicia es VIII y Fuerza es XI.
Para quien ha aprendido con Rider-Waite-Smith, ese intercambio produce una pequeña resistencia mental. Bien. Precisamente ésa es la gracia. El Tarot Décoratif no pretende que el lector de RWS siga cómodamente en su sillón mientras mira estampas de aire marsellés; le pide que advierta que la estructura importa. Justicia deja de llegar después del Carro por inercia waiteana, y Fuerza recupera su posición marsellesa. Son sólo dos cartas, sí, pero dos cartas que ordenan autoridad, dominio, ley, deseo y coraje. Nada menor.
Me parece una compra con sentido para quien quiere acercarse al Marsella sin caer de golpe en el pip completamente desnudo ni en la arqueología de vitrina. Marchetti traduce la solemnidad ornamental del sistema a una imaginería muy suya, pero conserva esa decisión estructural donde debía conservarla. El resultado no es un Marsella purista —nadie ha dicho que lo sea, respiremos—, sino una baraja-puente que no infantiliza el aprendizaje. Y eso, entre tanto tarot que promete novedad cambiando tres plumas de sitio, ya es bastante.
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