Para cuando el Rider-Waite se te ha quedado sin monstruos.

La guía indica de qué película procede la inspiración visual de cada carta.
No se limita a vestir el tarot de criatura del Toro: convierte cada arcano en una pequeña pista filmográfica. Eso obliga a leer dos relatos a la vez, el simbólico y el cinematográfico.
Hay barajas de cine que se conforman con poner una criatura reconocible donde antes había una papisa y santas pascuas. Esta tiene una ambición bastante más seria: la guía identifica la película de la que nace la inspiración de cada imagen. Ese detalle, aparentemente de coleccionista obsesivo —que también—, cambia el juego entero.
Aquí la lectura no consiste en cazar fotogramas ni en hacer un trivial de Guillermo del Toro. Consiste en comprobar qué hace una imaginería cinematográfica muy concreta cuando cae sobre la arquitectura del tarot tradicional. El monstruo deja de ser decoración gótica y vuelve a ser lo que suele ser en del Toro: una figura moral, un inocente incómodo, un espejo bastante poco halagüeño de los humanos. Y ahí la baraja encuentra su razón de existir.
Me interesa especialmente porque no pretende reinventar los setenta y ocho arcanos a martillazos. Conserva el esqueleto conocido, pero añade una segunda capa de lectura para quien sabe mirar cine: memoria de escenas, atmósferas, criaturas, heridas y cuentos crueles. La guía funciona entonces como mapa de referencias, no como el habitual librito que repite palabras clave con solemnidad de galleta de la fortuna.
No la veo como sustituta de una baraja de estudio desnuda y muy legible. La veo como la que se saca cuando una pregunta pide sombra, fábula y una verdad algo monstruosa. Comprar otra baraja merece la pena cuando aporta un idioma visual nuevo; esta, además, trae las notas al pie de su propio bestiario.
También buscado como: Tarot of the Bull