Para cuando el Rider se te ha quedado demasiado terrestre.

Cada lámina se plantea como una puerta del Amduat, las doce puertas que transforman los destinos.
No usa Egipto como simple atrezo de esfinges y dorados: convierte el recorrido en un descenso nocturno, puerta a puerta, por el mundo subterráneo. Eso desplaza la lectura desde el significado aislado de una carta hacia una travesía de umbrales, muerte, tránsito y renacimiento.
Hay tarots egipcios que se conforman con poner un ojo de Horus aquí, un tocado faraónico allá y confiar en que el dorado haga el resto. Este libro, por lo que propone, juega otra partida: sitúa cada lámina ante una puerta del Amduat, el viaje nocturno por el inframundo egipcio. Y ahí está su gracia —y su rareza—: no invita tanto a “sacar una respuesta” como a atravesar un umbral.
Me interesa precisamente porque obliga a cambiar el paso mental. Frente al tarot de oficina, de pregunta concreta y conclusión rápida, aquí la imagen se lee como episodio: un dios, un estado del alma, una escena de descenso, una operación simbólica. Es una manera más narrativa, más ritual y bastante menos domesticada de acercarse a los arcanos. Naturalmente, el texto presenta su propuesta como una recuperación del tarot original de Thot; conviene leer esa afirmación como marco esotérico del autor, no como una clase de egiptología con sello académico. Que tampoco pasa nada: una cosa es la historia y otra el aparato mítico con el que trabaja una baraja.
¿Por qué merece sitio entre tantos mazos y manuales? Porque las doce puertas del Amduat le dan una columna vertebral reconocible. No es otro producto con pirámides decorativas: es un tarot pensado como travesía nocturna. Y eso, entre tanto faraón de cartón piedra, ya es bastante.
También buscado como: Egyptian Tarot: The Sacred Book of Thoth