Para cuando tus lecturas se quedan en intuiciones sueltas.

El libro aconseja fotocopiar sus tablas antes de usarlas de forma continuada.
No es una ocurrencia de maquetación: incluye gráficos para registrar lecturas, calcular la carta del año y trazar procesos como el avance vital o el desbloqueo de obstáculos. La propuesta no es leer, asentir muy hondo y dejarlo en la balda; es volver sobre lo anotado.
Hay libros de tarot que explican las cartas y hay libros que te ponen deberes. Este pertenece sin ambages a la segunda especie, y ahí está su gracia. La indicación de fotocopiar las tablas para seguir utilizándolas delata el verdadero temperamento de Tarot for Your Self: no pretende regalarte una epifanía de domingo, sino darte un sistema para observar qué haces con las cartas cuando nadie te está mirando.
Sus gráficos para la carta del año, el registro cuerpo-mente-espíritu, los perfiles y los procesos de desbloqueo convierten la lectura en algo acumulativo. Es decir: una tirada no queda reducida a «me salió la Luna, qué misterio tan misterioso», sino que puede compararse, escribirse y revisarse semanas después. Qué concepto revolucionario: tener memoria.
Yo lo veo especialmente valioso para quien ya conoce los significados básicos, pero siente que sus lecturas privadas se dispersan entre corazonadas, capturas de pantalla y cuadernos empezados con entusiasmo criminal. Aquí el tarot funciona como práctica sostenida y no como máquina expendedora de respuestas.
Por eso merece la pena añadirlo a la biblioteca: no sustituye a una baraja ni intenta ser otro manual enciclopédico. Hace algo más difícil y bastante más útil: obliga a que tus 78 cartas dejen rastro.
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